¿Estorbamos?

Lurdes Bretones *

Corren muy malos tiempos para nuestra profesión. Nosotros, los periodistas, que siempre hemos informado en las secciones de economía de los distintos medios de comunicación  acerca de los problemas de las empresas, ahora resulta que nos hemos convertido en los protagonistas de grandes titulares en las mismas secciones por los constantes Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) que están llevando a cabo las empresas de comunicación.

Prisa, Vocento, RTVV, Telemadrid, Unidad Editorial… Da igual que el medio se dedique a la prensa escrita, la radio o la televisión. Todas, grandes o pequeñas, están reduciendo de forma drástica sus plantillas para “adecuarlas” a los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías… y  la permanente crisis económica que parece no tener fin.

“Sin periodismo, no hay democracia” reza el eslogan de la FAPE. Y es cierto. La grandeza de esta profesión está en su servicio público. Si los profesionales de la Sanidad trabajan para mejorar y conservar la salud de los ciudadanos, los periodistas tienen como obligación trabajar para mejorar y conservar los principales valores que caracterizan a un estado democrático y moderno: la libertad y la justicia.

Recientemente, la filósofa Martha Nussbaum,  ganadora del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, decía: “Las Humanidades deben proporcionar tres ingredientes que, cualquier sociedad que se considera decente, necesita con urgencia integrar. El primero, la habilidad socrática de examinarse a uno mismo y pensar de forma crítica. El segundo, la habilidad de pensar los problemas mundiales, pero estando bien informado. Y el tercero y último, una  imaginación cultivada y con suficiente habilidad para entender cómo se aprecia el mundo a través de los ojos de gente que es diferente”.  Y ahí entra de lleno el ejercicio del Periodismo, como medio de comunicación entre la sociedad, los ciudadanos, y quienes les gobiernan;  como medio de información de lo que sucede cada día, de las actuaciones de los gobernantes y de las consecuencias que tienen sus decisiones sobre la ciudadanía.

Sólo con el ejercicio de un periodismo  honesto, serio, responsable, veraz, crítico y con la ética por bandera,  se podrá mejorar y conservar la salud democrática de nuestro país.

Por eso, y ante tanto ERE que está desmantelado la profesión, se me ocurre una pregunta: ¿Será que estorbamos?.  Sólo el lector de estas líneas podrá responder.

(*) Tesorera MPM

Esta entrada fue publicada en MPM, Opinión. Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.