La (in) comunicación política

Por Joaquín J. Marco *

Como rápidamente comprobarán, la pretensión de este breve artículo no es la de elaborar un discurso erudito sobre lo que puede o debe entenderse por Comunicación Política, sino la de plantear una sencilla reflexión sobre si existe (o no) una auténtica comunicación entre los ciudadanos y nuestros representantes políticos. Las ideas que quiero aportarles son las siguientes:

1. ¿Hay bidireccionalidad? Desde mi perspectiva, no cabe comunicación si los cauces en los que se establece no son bidireccionales, si no existe un camino de ida y vuelta para la transmisión de ideas; sin embargo, no creo equivocarme si afirmo que, en el caso que nos ocupa, los ciudadanos recibimos, prácticamente a diario, numerosos inputs de nuestros representantes pero, sin embargo, tenemos dificultades difícilmente superables para hacer llegar nuestros outputs. Y ello pese a que las redes sociales ofrecen una magnífica alternativa, pero ¿los grandes partidos las están utilizando de forma distinta al resto de medios de comunicación? ¿Realmente obtienen algún tipo de feedback y, en su caso, lo tienen en cuenta?

2. ¿Hay instrumentos de participación? Podríamos pensar que, en realidad, nuestro mensaje no debe llegar de forma verbal o escrita, sino a través de los mecanismos de participación política constitucionalmente previstos. Ahora bien, ¿tenemos alguna vía distinta a la de acudir a las urnas electorales cada vez que somos convocados? Parece que no, que es la única vía existente, nuestra única forma efectiva de participación. Ahora bien, ¿es suficiente? Obviamente, creo que no, pero lo cierto es que vivimos en un país sin apenas referéndums, con una institución como la iniciativa legislativa popular en estado comatoso y con un asociacionismo de escasa repercusión mediática, si omitimos a los propios partidos políticos y los sindicatos. En cierta medida, ¿no estamos convirtiendo –aunque luego nos quejemos- a la manifestación callejera, a las pancartas, en la única vía de comunicación de los ciudadanos?

3. ¿Hay un código común? Por último, para quien piense –no soy yo- que, aunque nosotros no podamos hacer llegar nuestro mensaje, sí existe una auténtica comunicación política porque lo importante es que nuestros representantes nos transmitan sus ideas y valores, apuntaré que, cuanto menos, la transmisión de señales debe producirse mediante un código común al emisor y al receptor. Sin embargo, ¿no es cierto que en muchas ocasiones, de forma deliberada, falta ese carácter compartido del código? Cuando nuestros políticos hablan de desaceleración o crecimiento negativo para no pronunciar la palabra crisis; de autodeterminación en lugar de independencia; de interconexión temporal de cuencas para evitar decir trasvase; o cuando dan mil vueltas para explicar lo que es un rescate sin pronunciar esa palabra, en todos esos casos y en muchos más que no tengo espacio para citar, parece que están huyendo deliberadamente del código comúnmente comprensible.

Expuesto lo anterior, puedo entender –aunque no lo comparta- el slogan “no nos representan” porque, ¿cabe un representante que no sabe lo que quiere su representado? ¿Qué no le escucha? ¿Qué no tiene en cuenta sus opiniones? Esta circunstancia se pone de relieve de forma particularmente gravosa en la disciplina de voto de los grupos parlamentarios. Pongamos un ejemplo: el Partido Popular obtuvo en las últimas elecciones generales un total de 186 escaños en la Cámara de la Carrera de San Jerónimo, fruto del respaldo electoral de más de 10 millones de españoles. Es decir, cada vez que esos 186 Diputados votan en el Congreso, lo hacen en nombre de más de 10 millones de ciudadanos y ciudadanas (puede que usted, amigo/a lector/a, incluido/a). ¿Quiere decirme que esos 10 millones de españoles pensamos exactamente igual en todas y cada una de las decisiones que se adoptan en el Congreso? Seguramente no. En tal caso, ¿por qué su voto es homogéneo sin que quepa ningún tipo de disenso interno que permita que todos nos sintamos representados? ¿Qué tipo de representantes tenemos si no cabe la posibilidad de que reflejen nuestras ideas, sino simplemente las que marca el partido al que pertenecen? El ejemplo, obviamente, es trasladable a cualquier otro grupo parlamentario, y si he utilizado los datos numéricos del partido que da sustento al Gobierno es, simplemente, por tratarse de los más cuantiosos.

En todo este laberinto hay una abertura, siquiera una oquedad que, entre todos, deberíamos conseguir que fuera una ventana o, mejor todavía, una puerta, que nos permitiera salir del enredo: los medios de comunicación social. El papel que desempeñen los medios, su independencia es, sin duda, la gran esperanza blanca del sistema. A su responsabilidad nos corresponde apelar.

Sobre cuestiones de esta índole y otras similares se va a reflexionar el próximo 13 de noviembre en el II Congreso Nacional “Comunicación Política y Políticas de Comunicación”, organizado por la Asociación de Mujeres Periodistas del Mediterráneo y que se va a celebrar en la sede de Les Corts Valencianes. Creo que nuestro sistema necesita de foros de este tipo en los que podamos transmitir nuestro mensaje. Sin duda, hace falta.

(*) Universidad CEU Cardenal Herrera

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