La ética, el itinerario incuestionable del periodismo post-crisis

Por Marosa Montañés *

 Iñaki Gabilondo el pasado mes de febrero, en el acto de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valencia, formuló un certero diagnóstico sobre el hoy del periodismo: No podemos estar tan ciegos para no ver que, por deslizamientos mercantiles, políticos, rutinas o por simple efecto de la soberbia profesional, nos hemos ido alejando del único principio periodístico indiscutible mientras convertíamos la libertad de expresión en un parapeto desde el que disparar con impunidad”.

Reconocer los errores es el primer paso para buscar las rectificaciones o cambios de rumbo; éste es uno de los objetivos del II Congreso nacional de MPM: aportar a los periodistas y a los medios de comunicación nuevas ideas, formas y herramientas diferentes, comportamientos éticos y compromisos más firmes con la verdad, con la libertad de información y de expresión y con la realidad que demanda el  ciudadano de a pié.

El periodismo es vocacional y en su ejercicio encuentra múltiples dificultades: unas derivadas del trabajo precario, de los despidos masivos, de los contratos basura o de las imposiciones del consejo de administración. Y otras más sutiles, nacen del ego, de no considerarse correa de transmisión sino protagonista, de sucumbir ante el afán de éxito o de dinero. Y es entonces, cuándo se pierde la visión vocacional y el periodista se convierte en mercenario o en lacayo. ¿Cómo podremos sacar de este desierto al periodismo como concepto, al periodista como profesional y a los medios de comunicación como instrumentos del poder político?. Es una senda angosta  pero conduce al norte y a buen puerto: la Ética como actitud, como convicción y como conducta.

La ética es un referente de la verdad, y una ética especializada, una ética con argumentos sólidos, una ética que entienda y sepa a la vez porque la ignorancia es extensible y difusiva y una ética valiente, nos sacarán de ésta crisis. Como afirma Elsa González, presidenta de FAPE, “faltan editores adecuados a los nuevos tiempos, con imaginación, que marquen el modelo de negocio”. Ahora nos centramos en lo mal que está una profesión clave para la democracia, pero lo que hay que pensar es otra cosa: cómo reinventar una sociedad en la que el ejercicio de  la libertad de información del ciudadano y la libertad de expresión del periodista, constituyan el fundamento de la convivencia social.

(*) Presidenta de MPM

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