Entrevista a Luis Arroyo, consultor político

“La comunicación política no es contar lo que pasa, sino construir lo que pasa”

Asesor del Banco Mundial, director de gabinete del secretario de Estado de Comunicación Miguel Barroso y del gabinete del Ministerio de Vivienda de Carme Chacón, presidente de la Asociación de Comunicación Política. El sociólogo y consultor político Luis Arroyo, con más de 20 años de experiencia en el sector, repasa con Mujeres Periodistas del Mediterráneo algunas de  las claves de la comunicación con dos escenarios de fondo: el II Congreso Nacional de MPM y su último libro El poder político en escena (RBA).

Pregunta: “Gobernar consiste en buena parte en gestionar estados de ánimo” (Cien días en el quirófano, El País, 16/04/2012). ¿La política, sus estrategias… tienen parte de bioquímica, de comportamiento animal/irracional?

Respuesta: Por supuesto. Las bases, como de todo lo humano, son bioquímicas. Las bases están en la regulación de nuestro instinto de supervivencia. Igual que el resto de las especies. Lo que sucede es que en lugar de defender un risco a base de golpes y mordiscos, como los monos, nosotros construimos todo un sistema cultural. Pero las bases son evidentemente las mismas.

P.: ¿Se repiten los símbolos y los relatos a lo largo de la historia política?

R.: Sí, se repiten pero también son originales cada vez. Pero los relatos del “nosotros” frente a “ellos”, los relatos de “sangre, sudor y lágrimas” en tiempo de crisis, o de alegría y celebración en tiempo de éxito, se repiten una y otra vez. Con increíble persistencia, desde siempre, en todo sitio y hora.

P.: La opinión pública ¿es previsible?

R.: La opinión pública es previsible. Lo que no es tan previsible es la marcha de los acontecimientos. Nadie anticipó que alguien estrellaría unos aviones contra las Torres Gemelas. Nadie anticipó la Segunda Guerra Mundial. Nadie anticipó este desastre de crisis. El mundo gira al albur de acontecimientos bastante imprevisibles. Lo que sí podemos prever es cómo reacciona el cuerpo social ante esos acontecimientos.

P.: ¿Qué papel juegan las redes sociales, especialmente Twitter (que suele ser más ágil que Facebook), en la comunicación política y en las campañas electorales?

R.: No mucho. Facebook prácticamente ha desaparecido como herramienta política. Twitter sirve para difundir algunos mensajes rápido, con la esperanza de que lleguen a los medios de masas. Y también para monitorizar reacciones. Por lo demás, Twitter sirve también para meter la pata y destrozar una campaña en un segundo.

P.: Competencia y liderazgo se mencionan en su libro como características de los políticos. ¿Las tienen los políticos españoles o quedan tapadas por la crisis?

R.: La crisis te pone en un escenario difícil de gestionar. Es como si pones a un actor a interpretar Hamlet. Es más difícil que hacer un papelito de comedia de Jardiel Poncela… Pero una crisis es también una oportunidad. Obama ha sobrevivido a una crisis estratosférica y va a pasar a la historia como el presidente que devolvió la recuperación e hizo el gran cambio de modelo en Estados Unidos. No es nada fácil, pero se puede hacer. De todas maneras, sospecho que en España Rajoy se guarda lo mejor para la segunda parte de su mandato. Y si la economía europea va bien, cosa que no depende fundamentalmente de él, será reelegido y aumentará su aprobación.

P.: Conoce de cerca el núcleo de la Moncloa. ¿Resulta fácil asesorar a políticos que están en la primera línea de las instituciones? ¿Es complicado hacerles ver el impacto negativo de una comunicación poco transparente?

R.: Hay de todo. Hay políticos más o menos sensibles. Pero la palabra no es transparencia. Nada es transparente allí: constantemente se elige qué contar y qué no. Se puede hacer con sinceridad y con buena voluntad. Pero la palabra no es “transparencia”, ni mucho menos.

P.: Están de moda en España las comparecencias sin preguntas de los políticos, que se venden como ruedas de prensa. ¿Falta de preparación o de capacidad de improvisación de la clase política actual o simplemente es un error de comunicación?

R.: Si alguien convoca una rueda de prensa y no contesta preguntas, es un cretino. Porque una rueda de prensa siempre conlleva preguntas. Otra cosa es advertir de que “habrá una declaración”: entonces los periodistas, si no se abusa, aceptan las reglas. De todas maneras, ¡es tan fácil contestar a cualquier cosa que no sé por qué algunos le tienen tanto miedo a contestar!

P.: ¿Es difícil escribir los discursos de los líderes políticos? ¿Existe algún truco o recurso que no falle, que cautive al espectador/votante?

R.: Hay muchos: el uso de historias, la anáfora, la antítesis, el uso de tríadas, la búsqueda de efectos con las palabras… Son técnicas milenarias muy conocidas. En oratoria y retórica no se ha inventado casi nada en 2.500 años. Lo que sí es un gran invento es el prompter de espejos, que realmente proporciona una experiencia mágica a los oradores y a la audiencia.

P.: ¿Cuáles son las claves de una buena estrategia de comunicación política?

R.: Saber cuál es tu narrativa, y que coincida con el estado de ánimo de la población a la que te diriges. Y, por supuesto, que el protagonista tenga la credibilidad imprescindible para contarla. A partir de ahí, a esperar a que se alineen los astros.

P.: ¿Qué le recomendaría a un periodista que quiere dedicarse a la comunicación y la asesoría políticas?

R.: Que se olvide de lo que aprendió en periodismo. O mejor: que lo complemente leyendo y aprendiendo de psicología, de sociología, de opinión pública. Que sepa que esto no es contar lo que pasa, sino construir lo que pasa.

P.: En el II Congreso de Mujeres Periodistas del Mediterráneo, usted mencionó el concepto de ‘sofá-activismo’. ¿Por qué ese desencanto de los ciudadanos hacia la política? ¿Se confía demasiado en el amplificador de la red social para reivindicar/solucionar los problemas?

R.: No, sofactivismo es mi traducción de slacktivism, es decir, ese activismo de baja intensidad de quien participa desde su sofá haciendo un click. El típico “manda una petición” que no cuesta nada. La cosa del sofactivismo es que, aunque no sirve para nada, el activista cree que sí y se queda tranquilo de conciencia. Quizá parte de la frustración de los ciudadanos con la política es que mucha gente elevó demasiado las expectativas de la ciberdemocracia, y ahora vemos que no sirve de mucho. Que para hacer cosas que importen siguen siendo necesarias las manifestaciones de verdad, por gente de verdad, en las calles de verdad y con pancartas de verdad.

P.: En la web de Asesores de Comunicación Pública hay un apartado con las ideas del mes. Como estamos en época de recortes, le pido una idea o un consejo para ser un buen (o profesional) secretario de estado de Comunicación.

R.: Hemos cambiando esa parte de la web por una sola lectura de comunicación política al mes. Pensamos ahora que la web está llena de cosas cortas y rápidas, demasiado triviales. Necesitamos tiempo y reposo. Un buen consejo es precisamente leer y aprender. Observar mucho para entender el sorprendente y fascinante comportamiento de la opinión pública.

Isabel Domingo, vicepresidenta segunda de MPM

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