Inteligencia política, inteligencia emocional o incomunicación política

 Son tres conceptos que pueden sumar o restar si se les une o se les separa. Con inteligencia, la política puede tener norte, con reflexión  las emociones pueden servir a la verdad y sin cobardía la política puede llegar al ciudadano y establecer círculos de confianza. Y el político pierde la percepción de la realidad, se aleja del ciudadano y no comunica.

Hoy por hoy, ese mensaje no cala en la sociedad y por ello, no favorece el compromiso, ni la credibilidad, ni la cercanía, ni nada de nada. Sólo se visualiza la protesta, la algarada, la distancia entre lo que hay y lo que debe ser, la crispación o el malestar ciudadano. Y esto debe cambiar porque los jóvenes creen en la política pero no en los políticos. Y dar esperanza a las nuevas generaciones, porque se creen herramientas de confianza, puede ser un sendero.

Se constata una vez más, y como colofón de no buscar la verdad dónde ésta reside sino en un mundo de verdades a medias, el agotamiento del concepto de lo político, y se derrumba lo que hasta ahora lo había sostenido: el relativismo, el permisivismo o realidades  similares del todo vale. No son éstas las sendas por las que el polític@ y los medios de comunicación deben servir a la sociedad: hay que reinventar los itinerarios, renovar desde dentro la política, generar confianza y explicar la verdad sin complejos ni temores. Los ciudadanos lo entenderán si se les habla claro y alto.

Con este objetivo, MPM organiza su II Congreso nacional sobre “Comunicación política y políticas de Comunicación”, el próximo 13 de noviembre en el Palacio de los Borja, sede de las Cortes valencianas. Os invito a tod@s.

Marosa Montañés Duato. Presidenta MPM.

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